En contra del desánimo.
Cuaderno de Celeste
Soy María Celeste Iglesias (Buenos Aires, 1978). Confieso que tengo un temita con los finales.
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2012-08-27
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2012-08-03
The Pixar story (Leslie Iwerks, 2007)
Estaba tan pero tan sensible que lloré con este documental.
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2012-07-03
Algo así como la mítica poltrona de la que se levanta Don Draper para apagar el tocadiscos desde donde suena Tomorrow never knows aparece en el diario La Nación del 30 de agosto de 1964.
La encontré archiveando en la biblioteca del Museo de la Ciudad, donde te recibe Marta, quien desde hace más de veinte años lleva adelante uno de los mejores archivos que existen.
La figura femenina que se trasluce en el escaneo no es otra que la de Doña Petrona Carrizo de Gandulfo.
Qué fácil es todo esto, qué picardía del destino y qué retorcidos que somos todos, que en este mismo instante imaginamos lo que podría ser una noche de frenesí entre Doña Petrona y Don Draper.
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2012-06-28
Es como… magia
Una enorme parte de mi educación sentimental se la debo a las películas de Nora Ephron.
Cuando Harry conoció a Sally y Sintonía de amor son dos películas notables. Las dos están entre mis preferidas de la historia del cine de amor.
Como le debe pasar a muchas, gran parte de las pavadas que imagino, que vivo y que escribo existen gracias a gente como ella. Ese supuesto aprendizaje a veces funciona y a veces te hunde. Todo lo demás te lo impone la vida y los caminos que recorrés. Mientras tanto escribís. Porque en definitiva nadie sabe nada. Es como… magia.

Gracias ídola.
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2012-05-18
Hablamos (sic)
1) El tótem del chat según las chicas de Girls

HANNAH: Tal vez debería llamarlo. ¿No dijiste que el SMS es la forma más baja de comunicación en el pilar del chat?
MARNIE: El tótem del chat. No, lo más bajo sería el Facebook, seguido por el Gtalk, luego vendría el SMS, luego el e-mail, luego el teléfono.
HANNAH: Entendido.
MARNIE: Por supuesto que lo ideal es el cara a cara, pero ya no es de estos tiempos.
2) Hablemos sin saber: la telepatía
A ver si nos avivamos esta vez, ¿eh?
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2012-05-14
Don Draper en su mejor momento
[Acá hay spoilers.]

Si me preguntan a mí, yo no podría levantarme de esa poltrona ni a tiros, ni aunque me pusieran a los Wachiturros al taco desde el altavoz de un celular, ni aunque King Kong atravesara en ese mismo instante el ventanal, ni aunque un avión seguido de otro se estrellase en el edificio de enfrente.
Pero hay un tipo que, así como lo ves, hundido en la poltrona, se levanta y apaga el tocadiscos. En el tocadiscos suena Tomorrow never knows, la canción más psicodélica de Revolver, pero el tipo no puede soportarlo, su ceño está más fruncido que nunca. Y eso, aunque resulte una afrenta para toda la audiencia, tiene todo el sentido del mundo. Porque solo en Don Draper cobra todo el sentido del mundo.
Según cuentan, la licencia de Tomorrow never knows le costó a la productora unos 250.000 dólares. Ahora que lo sé, hasta me da un poco de culpa descargarme la serie. La productora dice que es la primera vez que se usa música original de los Beatles en un show de TV. El uso que le dan a la canción es, para mí, parte de la recompensa al espectador, porque es tratarlo con respeto. Desde aquí mi más sincero agradecimiento.
Con mi amigo el escritor talentoso decimos que si algún día hacemos la serie que queremos, vamos a musicalizar nosotros. Todo esto me hace pensar que deberíamos decir “nosotros mismos”, porque nuestro presupuesto apenas va a dar para comprar un toc-toc, un triángulo y una flauta dulce.
Revolver es mi disco favorito de los Beatles. Verlo y escucharlo en Mad men, ver a Don sacándolo de la tapa blanquísima aun con celofán, me emociona grosso. Yo ya no quiero ser la chiquita que le prepara los huevos matinales a Don. Al ver esa escena quiero ser el mismísimo Don poniendo Revolver y sentándome en la poltrona a tomar whisky, en esa poltrona y no otra. Es, tal vez, la escena más emblemática de toda la serie hasta ahora, por cómo lo representa.
Me gustó un hashtag que encontré en Twitter: #sidonfueseargentinomirariagrandesvaloresdeltango. Aplausos.
Mad Men es la perfección, y me alegra que termine pronto. Solo espero un final épico, como los que me gustan a mí. Todos insalvables, todos a la basura.
Don, sos el hijo de puta del momento. Te amo.
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2012-04-28
Te invito a mi fiestita.
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2012-04-09
Los migrantes
Siento una profunda admiración por mis amigos los migrantes, también conocidos como los migrantes del amor.
El migrante del amor no es aquel que migra de un amor a otro, sino aquel que deja su lugar de origen para instalarse en la tierra del ser amado. El migrante del amor nace con un GPS incorporado, porque ante todo es un aventurero.
Todo migrante del amor debería tener una recepción semejanteConozco al menos una docena de historias de migración por amor, todas heroicas. Cada vez que las evoco, en mi mente comienza a sonar música de John Williams. Porque fundamentalmente esas historias encierran batallas épicas. La historia de amor del migrante es un camino del héroe en sí mismo. Tal vez por culpa del cine, siempre al final imagino a alguno de los protagonistas corriendo en un aeropuerto a punto de perder un avión.
Pero alto ahí. A los fines de una cierta organización planetaria hay que decir que la migración por amor no es para todos. Pensemos cuán caótico sería el mundo si todos anduviéramos por ahí migrando por amor. En principio sería un mundo sin las crisis globales que ya conocemos, sin problemas de visas. Sería el post-post-capitalismo, una especie de socialismo sentimental mundial donde existieran buenas tarifas de avión, tantas como planes de celulares posibles. Un mercado apuntado a la migración por amor, donde existan promos de primavera (temporada alta del amor) y luego promos de rescate, una suerte de banda negativa para los migrantes del amor frustrados, los cornudos, aquellos que no se hayan podido adaptar a las inclemencias climáticas o culturales, los que nunca aprendieron el idioma, los que descubren nazis en la rama familiar del ser amado, los deprimidos. Porque héroe es también el que probó y no le gustó.
En ese mundo de ficción tampoco sería una locura encontrarse continuamente con nuestros ex migrando a su vez por amor:
Ella: -¿Para dónde vas?
Él: -Suecia
Ella: -¿Minitah?
Él: -Seh, una sueca te-rri-ble
Ella: -Ajá… ¿se depilan ahí?Y esto ya es vicio, pero permítanme volver una vez más sobre una de las películas que más me gustan, dada la incertidumbre que plantea hacia el final. Me inquieta pensar qué pasaría si nuestros ídolos Celine y Jesse se dejaran de joder (en fin, de filosofar) y decidieran en algún momento mudarse juntos. En ese caso, ¿dónde vivirían?, ¿quién de los dos dejaría su lugar de origen?, ¿se adaptarían?, y lo que más miedo da: una vez juntos, ¿seguirían enamorados? No sé por qué, pero siento que si se completara la trilogía, la tercera parte debería ser un thriller psicológico en el que Celine se toma un avión, mata a la mujer y al hijo de Jesse y luego se casa con él, todo en tiempo real también.

“Richard, tengo algunas modificaciones para mi personaje”El otro gran tema es por supuesto la barrera idiomática, cuando no los localismos. (Todavía hay que ver qué se hace con los colombianos y toda su parafernalia lingüística.) Por experiencia sabemos que comunicarse con un extranjero en clave de amor es algo sumamente extenuante (por empezar recordemos el caso del chino). Es mentira eso de que el lenguaje del amor es universal (como si alguien hubiera curtido con un alienígena). Si entre pares locales la comunicación es deficitaria, entre extranjeros lo es a niveles exponenciales. Estoy segura de que incluso los bilingües la tienen bien difícil, porque hay algo del código cotidiano, coloquial que es intransferible. Sobre todo al inicio de la relación, el humor es acotado. Muchas veces hay que sobre-explicarlo todo, lo cual convierte una anécdota simpática, simple, en una narración muy tediosa. La ironía y el cinismo son terrenos directamente vedados. Ante una humorada se abre un abismo insalvable, y frente a un remate una queda garpando, con cara de idiota, y el silencio incómodo se extiende miles de microsegundos más. Basta con sentarse en el living de un hostel para adentrarse en el absurdo de la situación amorosa-multicultural (“¿En Rusia hay buenos pueblos?” le preguntó un argento a una rusa en un hostel, y por supuesto que terminaron chapando). En fin, todo requiere de un apoyo gestual agotador, que por supuesto en el propio idioma sería redundante. Imaginemos explicar la incompletud semántica de la expresión la tenés adentro. Por eso es conveniente -al menos al principio- moverse en el terreno de lo básico, porque los razonamientos complejos impiden ganar en otros campos (“Ay, no te entiendo… ¿por qué no cogemos y listo?”).
Sin embargo existe tal vez la posibilidad de que toda esa enorme inversión comunicacional pueda compensarse de algún modo extraño. Me refiero concretamente al estado de fascinación permanente por lo exótico, a la avidez por descifrar al otro, al deseo de condensar su musicalidad, y definitivamente, a la experiencia del vértigo de lo desconocido y de lo impredecible (impredecible porque no sabés con qué gansada te van a salir).
En las antípodas de ese mundo colorido, dramático y feliz de migración y amor estamos los cobardes y los vagos, los que no migramos. Nos copa la épica siempre y cuando sea ajena. Somos los que nos fascinamos escuchando esas historias de amor y locura, pero bastante si anteponemos un cero para hacer llamadas interurbanas. Fantaseamos con la vida intensa del migrante, pero después nos quedamos en la comodidad del localismo lingüístico, el terreno del pegame un tubazo, chupala, curtite (en general en ese orden), porque sin ninguna duda hemos fracasado en comunicaciones amorosas más complejas.
Pero acá lo importante es el amor. Porque entre tanto palabrerío lo que quería decir es que siento admiración y fascinación por mis amigos los que se instalan en el extranjero por amor, los que se soportan y que incluso se aman con locura aun con todas esas barreras en el medio. A ellos les quiero decir que los extraño un montón, sí, pero sepan también que me encanta cuando me traen bebidas importadas de regalo.
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2012-02-09
Tocábamos sus canciones.
Gracias. -
2012-01-21
Un compañero
Quiero extender un abrazo fraterno al compañero Megaupload, caído en combate en la guerra por el nuevo orden digital. Mis mejores recuerdos para él.
Me apena enormemente porque Megaupload se lleva una parte de mí. La única vez que subí un video a la web fue a través de Megavideo, ahí cuando el vigilante YouTube me cerraba sus puertas. Fue la primera traducción y subtitulado que hice (restan otras que ya vendrán), una pavada, sin embargo un post de este cuaderno queda a partir de ahora incompleto.
Por citar otro highlight, fue a través de Megaporn que pude ver el video del pancho que suelta el fluido en aquel viñedo.
A su vez recuerdo que la única vez que pagué por descarga premium fue a Megaupload y la experiencia fue maravillosa. Los megas volaban hacia mí mientras me arrellanaba en el sillón para disfrutar de algún capítulo estreno.
Migremos entonces.
Actualización: el post mentado fue subsanado. Estamos todos bien.
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2011-10-19
El ataque de los cupcakes
Traduzco un capítulo de lo que sospecho será un libro muy divertido: Is everyone hanging out without me? (and other concerns) de Mindy Kaling, actriz, guionista y productora de The Office (versión Estados Unidos).

Mindy KalingSi bien el libro será lanzado en noviembre próximo, ya anda dando vueltas un adelanto con las primeras veinticuatro páginas.
Se trata de un compendio de reflexiones, anécdotas y preocupaciones completamente autorreferenciales y caprichosas. Lectura y escritura de minitas sobre cuestiones en apariencia sin importancia pero con un alto componente dramático. Así somos.
Comparto un capítulo muy corto que -aclaro- elijo traducir con fines puramente lúdicos, no solo porque Mindy me cae muy bien y me hizo reír mucho, sino también porque habla de los cupcakes, porque los odio y porque odio aun más profundamente el concepto que encierran, fenómeno que -habrán notado- sobrepasa por lejos al alimento en sí.
El día que dejé de comer cupcakes
Por Mindy KalingMuy recientemente estuve out on script [1] en The Office [2] por una semana. “Out on script” refiere a cuando los guionistas son enviados a sus casas a escribir un primer borrador de un episodio de la serie.
Es un momento increíble básicamente porque te pagan y tenés autorización para hacer lo que quieras. Significa que en lugar de bañarme, vestirme e ir al trabajo todos los días, me permite vagar por mi casa con una remera gigante y sin pantalones, ir a hacer compras y asistir a clases de cardio [3] con mis amigos, copados y desempleados. Obviamente es de los mejores momentos.
Aquella vez estando out on script, me detuve en mi lugar favorito de cupcakes, al que llamaré Sunshine Cupcakes. (“Sunshine Cupcakes” -además de ser un nombre ridículo- es una sutil parodia a los nombres de los negocios de cupcakes. No te das una idea… en Los Ángeles, los negocios de cupcakes son tan invasivos como los Starbucks. Son el producto de una ciudad con exceso de esposas-trofeo [4], básicamente porque las esposas-trofeo son el motor financiero del comercio cursi [5] que diferencia a Los Ángeles de las demás ciudades estadounidenses: joyas para los dedos del pie, cubre-picaportes artesanales, comida vegetariana para perros… se entiende ¿no? Si sueno malvada debería contarte lo envidiosa y admiradora que soy de estas esposas-trofeo. Me casaría con un socio de la William Morris Endeavor [6] y abriría una sala de pedicuría para gatos yo misma si tuviera esa suerte.)
Así que sí, durante mi cuarta visita consecutiva a Sunshine Cupcakes y mientras me encontraba pagando mi cupcake, se me acercó la encargada (delantal de cupcake, anteojos estilo Far Side [7], mechón de pelo rosa, en fin, el uniforme femenino, juguetón y universal de pastelería):
FAR SIDE: Viniste un montón esta semana.
YO (LA BOCA LLENA DE UNA GENEROSA MUESTRA): Seh, me encanta este lugar.
FAR SIDE: Sabemos que estás en Twitter [8]. (Inclinándose conspirativamente) Y, si te interesa tuitear sobre nuestro encantador Sunshine Cupcakes, este cupcake (señalando al que estaba comprando) es gratis.
Yo no sabía que era posible ser triplemente ofendida. En primer lugar, “Encargada”, si ves que una mina de treinta y un años viene a tu negocio de cupcakes todos los días de la semana, guardate esa información. No necesito que me recuerden lo limitadas que son mis opciones alimentarias. En segundo lugar, ¿cuán rastrera y/o pobre creés que soy? ¡Un cupcake cuesta dos mangos! ¿Acaso creés que soy lo suficientemente miserable como para pensar “Ay diosito, me puedo ahorrar estos dos mangos para alguna chuchería más tarde”? Y en tercer lugar, aun cuando fuera a comprar bajo esta extraña situación de soborno en la que voy a promocionar tu producto, ¿vos pensás que el costo de eso será un mísero cupcake? Las implicancias de este ofrecimiento fueron mucho peores que cualquier cosa que ella hubiera intentado proponer, obviamente, sin embargo mi odio hacia ella es para siempre.
Por esto mismo ya no como cupcakes. Las connotaciones son muy perturbadoras para mí.
N. de la T. (es decir notas mías):
[1] No hay modo de traducir out on script, pero la explicación que da Mindy es sumamente gráfica. Se supone que lo contrario a estar “out on script” es escribir junto al equipo de guionistas en una sala de la productora (si bien esta situación en general no se da entre los guionistas locales).
[2] The Office es una serie creada por Ricky Gervais en el Reino Unido, de la que luego surge la remake de Estados Unidos, protagonizada entre otros por Steve Carrell. Mi preferida es esta última.
[3] Las clases de cardio (en el original cardio classes) pueden interpretarse como actividades tan amplias como aeróbica, pilates, yoga o spinning.
[4] Las esposas-trofeo (en el original trophy wives) son minones infernales (mal llamados gatos) que se casan/juntan con señores maduros (mal llamados viejos) con mucha plata. Entre las referentes locales puede citarse a Victoria Vanucci (Matías Garfunkel) y Pamela David (Daniel Vila). Los hay también inversamente: el emblemático Ashton Kutcher (Demi Moore) habría inspirado a Alfonso Díez, recientemente casado con la Duquesa de Alba.
[5] Por comercio cursi (en el original cutesy commerce) me refiero al mercado de pelotudeces tales como los cactus tejidos al crochet, los productos orgánicos, los accesorios glam para mascotas o incluso el spa de manos.
[6] William Morris Endeavor es una mega-agencia planetaria que representa artistas y marcas número uno. Sus directivos (así como sus representados) siempre fueron, son y serán millonarios. No hay forma de definir a WME en pocas palabras, pero de momento podemos sintetizarlo como El Mal.
[7] Aparentemente los anteojos estilo Far Side (en el original Far Side glasses) son los de marco gatuno, tipo décadas del ‘50/’60. Far Side es un cómic creado por Gary Larson en 1980, cuyos personajes usaban este tipo de anteojos.
[8] La cuenta oficial de Mindy Kaling tiene actualmente más de un millón quinientos mil seguidores.No sé si habrán tenido oportunidad de pasear por Villa Crespo, uno de los barrios linderos con Almagro, mi barrio. Era lógico que esto iba a pasar algún día, porque el avance de la ridiculez no tiene límites y parece que ya no entra en los alrededores de la plaza de Armenia y Costa Rica.
Lo cierto es que en Villa Crespo, Chacarita o Villa Ortúzar están quedando pocos restaurantes. Ahora son “tiendas de alimentos”. No sé ustedes, pero yo quiero vivir en un mundo donde se pueda comer en lugares que se llamen “Qué manjar”, “El churrasco veloz” o cuanto mucho “Comete ésta (delicatessen)”.
Así es que nace un grupúsculo de emprendimientos culinarios con nombres tilingos (así como el que cita Mindy) tales como “Almacén de nutrientes”, “Abrazón”, “Bálsamo” y demás fantochadas.

Hordas de cupcakes avanzan sobre la ciudad de Buenos AiresEjemplo de ello es el negocio de los cupcakes en Buenos Aires, reciente y particularmente interesante. No importa si estás en Villa Crespo, Recoleta o Boedo; lo que verdaderamente importa es que una vez que hayas cruzado el umbral del local de repente te sientas en New York City. En esa simple premisa está puesto todo el peso estético de la propuesta. Allí dentro de esa república separatista donde predomina el blanco impoluto, serás atendida por una señorita de modales refinados. Ella será la encargada de orientarte cuando tengas que decidirte entre el cupcake de Nutella o el de lima. Los hay también de maracujá, de chocolate-peanut-cream (sic), de banana split o incluso de chocotorta, porque la onda es customizar. Son tantas las opciones que la decisión se vuelve insufrible. Dame cualquiera, terminás ladrándole a la chiquilina porque no soportás más la atmósfera pasivo-agresiva del local, no por nada llamado “Tortitas con amor” o algo por el estilo.
Abismalmente diferente a la muy digna madalena inyectada con dulce de leche que podés encontrar en el chino de tu cuadra, el cupcake consiste en un mini-budín cubierto con una crema a la que llaman frost y que va decorada con ornamentos que solo podría manipular con precisión un niño esclavizado en una factoría de Malasia.
El momento de comer el cupcake debe reservarse para la intimidad. No estamos en el West Village como para andar comiendo un bizcochuelo así como así. Estoy en Villa Crespo. Me vine a comprar unas chinelas la puta que te parió. Por eso es importante conservar las formas y luego, en la soledad del hogar atacar el cupcake con violencia, con conciencia de que el tarascón debe ser directamente proporcional a la violencia contenida por tantos años de ingesta de productos Ser. Así se come un cupcake, con violencia y sobre todo con mucha, muchísima culpa. Culpa por los desnutridos, culpa por las aproximadamente dos mil calorías que te acabás de echar encima y culpa por haber engrosado el bolsillo del farsante que monta un local de cupcakes en tu barrio lindero.
Por eso yo también dejé de comer cupcakes. La verdad es que me cagan la vida.
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2011-10-18
La boluda del megáfono.
Una boluda a la que seguro le encantan los cupcakes. -
2011-09-30
Ya no hay chabones como esos
Pearl Jam Twenty, la película de Cameron Crowe sobre los veinte años de carrera de Pearl Jam es un documental para chicas: pelilargos revoleando las cabezas como poseídos, torsos sudados y riffs que hipnotizan. Incluso cuando el rockero se vuelve un toque maraca -ya sea por el look de la época o por la circunstancia en la que se encuentra- logra enternecer, porque ahí se humaniza al macho del rock.
Pearl Jam Twenty (Cameron Crowe, 2011)-Vamo nene -gritó alguien cuando se apagaron las luces de la sala, arenga que nunca sé si se dirige al sujeto endiosado o a la masa fan.
-Ay… cómo le doy -dijo una chica ni bien apareció Eddie Vedder en primer plano. No es menor el comentario, ya que ella se animó a decir en voz alta lo que todas las minitas sentíamos mientras estábamos concentradas en ese derroche de gallardía que emanaba la pantalla. La chica había ido con su novio, sin embargo él se agachaba para sacar pochoclos de su mochila, nunca sabremos si por ansiedad o por vergüenza.
-Qué bueno que vine con ustedes, porque con mi novia no iba a poder llorar -le confesó un treintañero a sus amigos, mientras sacaba un pañuelo para estrujarlo.
Soy fan de Pearl Jam, y también de Cameron Crowe, que a su vez es fan de Pearl Jam. El tipo ha hecho películas muy buenas, y otras no tan buenas que suponemos que habrán pagado sus cuentas. Una de mis favoritas es Say anything, aquella en la que John Cusack en vez de cantar una serenata saca una casetera y le pasa In your eyes de Peter Gabriel a Ione Skye. Esa escena es la génesis del sex appeal de John Cusack, que ya vemos que a partir de ahí nunca se detuvo.
Toda la obra de Crowe está fundamentalmente marcada por la música, y en lo que a mí respecta, por música que me gusta. Años más tarde Cameron Crowe hizo Singles, centrada en la escena musical de Seattle. En la misma línea ubico a Almost famous, una suerte de autobiografía que recuerda sus años de periodista en la Rolling Stone de los setenta.
Y a eso iba. Crowe se hizo guionista y director de cine pero nunca dejó de escribir sobre música. Aun conservo el número de aquella Rolling Stone cuya nota central es Pearl Jam por Cameron Crowe. Recuerdo que la compré en un local de la calle Florida que vendía revistas importadas, cuando ninguno de nosotros imaginaba que alguna vez podríamos hacer lo que hacemos ahora con la información.
PJ20 es un documental clásico, con entrevistas y un trabajo de archivo muy minucioso. Allí aparecen fragmentos que sólo había visto en VHS comprados en el Parque Rivadavia, mal grabados, con calidad chota, copia de copia. En ese tiempo yo era feliz con esos pocos fragmentos de información que luego compaginaba en mi cabecita de adolescente.
Lo que quiero decir es que antes era todo muy diferente. Hablo de mí y de mi generación. Hoy una estrella de pop o de rock pareciera tener un frente comunicacional sólido y millones y millones de bytes invertidos en mantener una imagen que se debe actualizar permanentemente. No digo que es ni mejor ni peor, sólo digo que antes era diferente.
En la galería Bond Street también se conseguían perlitas. En un catálogo vi que tenían un recital de Pearl Jam no sé en dónde y lo encargué. Las cosas se encargaban porque eran truchas, más truchas que ahora. A diferencia del pirata actual, que se hace llamar Demonmaster (o algo así) y te atiende por Mediafire, el pirata de antes tenía cara. En general era un pelilargo con cara de malo que te atendía detrás de un mostrador. Si le comprabas te trataba bien. Al pirata le dejabas una seña y a la semana volvías y retirabas tu copia, que venía sin gráfica ni nada. A la semana fui a buscar mi copia y me volví contentísima a mi casa en el 152, el bondi que auspició toda mi adolescencia. Llegué con el VHS aun calentito y puse play, pero en ningún momento apareció Pearl Jam, sino un recital de Dream Theater, que eran pelilargos también, pero sumamente virtuosos. Metal progresivo para ser más exacta. Yo no quería ver el ninuninuniuuuuu de sus guitarras metaleras, yo sólo quería ver a mis ídolos cubiertos de un sudor brillante y salado. Un día después volví al local del pirata y me cambiaron el video sin ningún inconveniente. Digamos que las cosas que hoy se consiguen con un clic en ese momento sucedían así, yendo y viniendo.

RockLos veinte años no pasaron sólo para ellos. Ellos hicieron lo que pudieron y nosotros también. Primero nos copamos, cantamos, nos pintamos el pelo de colores, nos enamoramos, nos vestimos mal, luego bien, cobramos un primer sueldo, nos peleamos, estudiamos, abandonamos, nos drogamos, viajamos, nos metimos en una rave, nos aburrimos, fuimos pobres, nos hicimos oficinistas, algunos tuvieron hijos, se casaron, se divorciaron… quiero decir que en el medio pasaron muchas cosas.
Hacía mucho que no escuchaba canciones de Pearl Jam. En todo este tiempo ni siquiera había hecho el esfuerzo de bajarme los discos al MP3. Ya ven que el límite del fan es su propia pereza. Sin embargo PJ20 emociona, no sólo porque repone todas esas grandes canciones postergadas, sino porque también te obliga a recordar la adolescente que fuiste, y lo que es mejor: descubrir que una sigue ahí.
Cuando la peli terminó quedamos todos re-manija. En un mes y medio nos vamos a encontrar de nuevo en La Plata, y todos soñamos con que se repita eso que pasó en el 2005, el hito.

Eddie Vedder dixit, estadio Ferrocarril Oeste, noviembre de 2005Es nostalgia, sí. Son pedacitos de sensaciones olvidadas que resurgen entre las cosas que guardamos en un placard, donde archivamos los casetes y los VHS que ya no vamos a reproducir, pero que no tiramos por cariño o por paja, no importa.
Por todo eso me acordé de mi adolescencia, concretamente de los chicos que me gustaban en esa época. Eran todos pelilargos y rockeros. Sabían de rock. Tocaban riffs en guitarras prestadas, y cuando no las tenían tocaban air guitar en soledad o para un público selecto, nada de payasadas.
-Ya no hay chabones como esos -me dijo mi amiga Sol cuando le conté de qué iba el documental.
Y entonces nos hicimos grandes II
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2011-08-26
Y entonces nos hicimos grandesAlgún día tenemos que hablar de la nostalgia, ¿no?
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2011-06-18
Lucha de gigantes, Antonio Vega
No puedo explicar bien lo que significa para mí esta canción, ni por qué la pego hoy acá, pero eso es lo de menos.
